¿Cómo convivirán los estados con la automatización de los servicios?
Si no hay empleados ¿quién va a pagar IRPF? - En lo que llevamos de 2026, cada día que pasa, más y más, se están construyendo centros con GPUs que podrían hacer nuestro trabajo.
TECNOLOGÍA
Pablo Soria
8/28/20265 min read


La deprabación emocional y la generación de una población joven de insulsos físicos, es una guerra fiscal entre continentes más allá de una guerra cultural.
Buscar la excelencia física, moral e intelectual es la vía principal, y no hace falta recurrir a los estoicos para comprender por qué es el camino correcto.
Más allá del ámbito estrictamente laboral, el carácter y la integridad de las personas importan.
Estas reflexiones surgieron, como de costumbre, mientras corría con los auriculares puestos. Las preguntas que intentaba responder en mi mente eran sencillas pero punzantes:
En primer lugar, ¿por qué está socialmente legitimado acudir a la consulta de un psicólogo y abonarle sus honorarios —incluso promoviéndolo de forma preventiva cuando objetivamente se está bien—, mientras que confesarse con alguien con estudios básicos de teología y moral se tilda de retrógrado, independientemente de que no tenga coste alguno?
En segundo lugar, ¿por qué estamos cada vez más concienciados de que una mala alimentación deteriora el cuerpo y rechazamos sucumbir a placeres nocivos en lo físico, pero en la conducta sexual se promulga en escuelas e institutos la búsqueda ilimitada del placer y la promiscuidad? ¿Acaso las relaciones emocionales no son el sustento del alma? ¿Por qué se exige autocontrol en lo terrenal pero se otorga barra libre de placer en lo espiritual?
Si consideras que estas preguntas carecen de legitimidad o no te interesa explorar sus respuestas, puedes marcharte en paz sin perder tu valioso tiempo.
Para comprender este fenómeno debemos remontarnos a intelectuales como Sigmund Freud y, posteriormente, Herbert Marcuse. Freud teorizó sobre el principio del placer como la fuerza primaria que busca la satisfacción de los deseos con la menor tensión posible; sin embargo, reconoció sus límites al señalar que la cultura y el principio de realidad obligan a reprimir o aplazar dichos impulsos para hacer viable la convivencia. El giro radical llegó con Marcuse quien, bajo la influencia del marxismo, buscó eliminar las restricciones planteadas por Freud. Con ello, abrió una brecha conceptual que los defensores del libertinaje han enarbolado como bandera, sea de forma consciente o inconsciente.
Asumiendo como válida la jerarquía de la Pirámide de Maslow, sabemos que los niveles básicos deben sostenerse antes de articular respuestas para el ámbito superior:
Fisiológicas (Base): Comer, beber, dormir, respirar y abrigarse.
Seguridad: Salud, recursos económicos, empleo y vivienda.
Afiliación (Sociales): Afecto, amor, amistad y pertenencia a un grupo.
Reconocimiento (Estima): Confianza, éxito y respeto mutuo.
Autorrealización (Cima): Desarrollo del potencial, creatividad y valores.
Si ni siquiera hemos resuelto las necesidades de los dos primeros niveles para el conjunto de la sociedad, promover la liberación desenfrenada en el tercer nivel (afectivo) resulta una irresponsabilidad de consecuencias severas. No obstante, el "nuevo mundo" ya ha caído en la trampa: producciones cinematográficas que estimulan la hipersexualización, plataformas para adultos a un solo clic y el lucrativo negocio de las redes sociales de suscripción para la compraventa de contenido explícito.
Por ello, la educación desde el hogar es crucial para concientizar sobre nuestros instintos e ilustrar la realidad del entorno; de lo contrario, el impacto con la realidad será devastador. Lo afirmo con conocimiento de causa: quien me conoce sabe de lo que hablo, y quien quiera saber, solo debe preguntar.
Esta erosión moral corre en paralelo a la transformación económica.
Planteemos un escenario hiperautomatizado: si la robótica post-IA automatizara las fábricas al 100%, reduciendo el coste de producción de alimentos a casi cero, ¿los empresarios regalarían la comida? ¿O reinvertirían los beneficios en nuevas tecnologías o en sus reducidas plantillas?
Si la población pierde la capacidad de percibir un salario por falta de empleo, ¿quién consumirá los bienes eficientes producidos por esas máquinas?
Marcuse no preveía que los dueños del capital cederían sus bienes por altruismo moral, sino mediante el Gran Rechazo: una crisis de desempleo insostenible que llevaría a la toma de conciencia colectiva, expropiando los medios de producción. Sin embargo, los economistas de corte liberal refutan este desenlace argumentando dos principios clave:
El riesgo exige recompensa: Eliminar el incentivo del beneficio privado destruye el motor de inversión que concibió la propia tecnología.
Destrucción creativa (La falacia del pastel fijo): La automatización no destruye empleo de forma permanente; transforma las tareas obsoletas y crea industrias enteras inéditas (programadores, ingenieros, nuevos servicios).
Ahora bien, en el capitalismo competitivo actual, el beneficio del despido por automatización tiende a ser privado, mientras que el impacto de la pérdida del poder adquisitivo es amortiguado socialmente por el Estado mediante subsidios. Para corregir este desequilibrio sin asfixiar la innovación, los economistas sugieren métricas de fiscalidad indirecta sobre la automatización:
Ratio de Desplazamiento (Pérdida neta de empleo): Grabar la reducción drástica de plantilla si la facturación se mantiene o incrementa.
IVA Automatizado (IVA-A): Impuesto aplicado al valor añadido generado específicamente por software o IA.
Redefinición de la base imponible corporativa: Suprimir deducciones fiscales por inversión en automatización cuando derive en despidos colectivos.
Gravar el exceso de productividad por empleado: Impuesto especial cuando la facturación por trabajador se incremente exponencialmente debido a la IA.
Para evitar que las multinacionales eludan estas cargas trasladando sus sedes fuera de la UE o a paraísos fiscales, el marco de la OCDE ha implementado tres mecanismos defensivos:
El cepo del mercado (Pilar 1): Otorga el derecho de gravar los beneficios en el lugar donde se consumen los servicios digitales, independientemente de la ubicación de los servidores o la sede.
Regla de Beneficios Infragravados (UTPR - Pilar 2): Permite a los países donde opera la empresa aplicar un impuesto adicional (Top-up tax) si la matriz tributa a menos del 15% en su jurisdicción de origen.
Neutralización del Paraíso Fiscal (QDMTT): Incentiva a los propios territorios de baja tributación a fijar un impuesto local del 15%, prefiriendo recaudar ellos mismos antes de que lo haga la UE mediante el UTPR.
A pesar de la eficacia aparente de estas medidas para evitar la fuga de capitales multinacionales, el verdadero peligro recae sobre las pequeñas y medianas empresas (PYMEs). Al no alcanzar el umbral de los 750 millones de euros para la tributación directa, sufren de forma indirecta el encarecimiento de los servicios tecnológicos, el éxodo de infraestructura crítica y una creciente brecha de competitividad global.
Mientras los márgenes no se expandan en exceso y el dinero siga siendo barato (unión europea), el sistema mantendrá su inercia. Sin embargo, si la familia y la sociedad no asumen la responsabilidad de reconducir moralmente a la juventud, la degradación cultural y económica combinada abrirá la puerta a propuestas políticas radicales y extremas, irónicamente financiadas por el mismo capital que promovió la decadencia inicial.